Tener una ventaja
competitiva ya
no sirve de mucho

 

 

No creo en la estrategia competitiva

Parece que la competitividad es propia y necesaria en cualquier sector. Parece que jugamos en un terreno ya asignado, donde se trata de ser el mejor. Pero ser el mejor en estos días es casi imposible. Las pequeñas empresas no tenemos tiempo apenas para pensar ni planificar. Sin embargo, el mundo va muy rápido. Demasiado rápido para seguirle el ritmo. La sensación de los pequeños empresarios es ir a remolque del sistema. Siempre hay alguien más rápido, más grande, más barato, más innovador.

Mi objetivo es sacar a las empresas de una estrategia competitiva, no conseguírsela. Hablo de ser diferente, de inventar nuevos métodos, de ser creativo de verdad. No hablo de pequeños detalles. Las ventajas competitivas nos hacen un poco mejores. Solo eso. Cuando la ventaja competitiva es creativa, únicamente modificamos el molde. Pero yo hablo de romper el molde. ¿Eso no es arriesgado? Solo cuando nosotros nos convencemos de que lo es y eso nos detiene.

En manos de un experto, creo en la posibilidad de encontrar nuevos nichos de mercado sin descubrir. Eso no es tener una ventaja competitiva, eso es ser único. Y ya no creo que eso sea un privilegio de unos pocos.

Tipos de estrategias competitivas

Las estrategias competitivas de una empresa pueden ser muy distintas. Hay empresas que innovan en pequeñas dosis, con pequeñas dosis de mejora de resultados. A bajo nivel de riesgo, bajo nivel de innovación y bajo nivel de resultados.

Por el contrario, la creatividad bien dirigida puede arrojar resultados notorios y definitivos. Curiosamente, minimiza un alto nivel de riesgo y de incertidumbre.

Algunas empresas rascan la superficie de su sector aplicando pequeños cambios. Hacer algo sensiblemente distinto parece un gran logro. Sin embargo, esas estrategias competitivas no son más que pequeños destellos de luz en la oscuridad. ¿Qué podemos hacer diferente que ya no esté haciendo alguien? Te sorprendería la respuesta.

Soy de la firme opinión de que no todo está inventado, ni mucho menos. Las estrategias competitivas basadas en mejorar lo existente tienen un recorrido muy limitado. Las estrategias no competitivas, sino disruptivas, son la apuesta ganadora. Hay que conseguir la unicidad.

Cuando compites te quedas con un pedazo del pastel existente. Casi nunca es un gran pedazo y casi siempre son simples migajas. No tiene que ver con tu calidad, sino con el número de competidores en cada sector y el volumen de la oferta.

¿Prefieres seguir compitiendo, o te sumas a la diferenciación?

Cómo hacer únicas las ventajas competitivas

Convirtiéndolas en señas únicas, no en simples ventajas competitivas. Ya hemos visto que solo las empresas que sorprendan y se perciban como únicas tienen verdadera ventaja. Hablamos de ganar por una diferencia insultante. Nos referimos a convertir a la competencia en irrelevante.

Ser un poco mejor ya no sirve. Ya nada sorprende. De las tres estrategias competitivas de Porter, las más genéricas, destacaría la Estrategia de Diferenciación y la de Enfoque. De la primera ya hemos hablado ampliamente. En cuanto al enfoque, en la actualidad el mundo busca expertos y paga más por ellos.

Piensa en los aspectos de tu productos o servicios y si podrías especializarte en alguno de ellos. ¿Podrías ser una empresa constructora experta en piscinas? ¿Un abogado experto en divorcios de matrimonios del mismo sexo? ¿Un diseñador web experto en páginas para restaurantes?

La mayoría de profesionales piensa que esto le resta oportunidades de negocio, pero es exactamente al contrario.

Eso sí, hay que tener en cuenta algunos detalles. Tenemos que ser o convertirnos en auténticos expertos en ese campo. Debe encantarnos y motivarnos especialmente. Por otro lado, debe haber volumen suficiente de cuota de mercado en esa especialidad para que sea rentable.

Esa estrategia competitiva sí es útil.

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