Sin un plan,
solo queda rezar

 

 

¿También necesito un análisis estratégico?:

Por supuesto. Si crees que los análisis estratégicos solo los necesitan las empresas con muchos empleados o departamentos, te equivocas. Y si piensas que esos análisis estratégicos son complejos, también te equivocas. Crear una estrategia no tiene por qué ser algo complejo ni desmotivador. Se basa en llevar la empresa hacia alguna parte. Se trata de empezar a definir un destino y, más tarde, poner rumbo inmediatamente hacia allí. Así de sencillo.

Si eres como yo, quien prefiero la parte emocional a la parte de procesos, puedo comprender que no te apetezca. A pesar de eso, te aseguro que merece la pena.

Primeramente, hay que definir la visión de la empresa. ¿Dónde te gustaría que estuviera tu empresa en tres, cinco o diez años? Una vez definida la visión, las decisiones se simplifican.

A continuación, definir la misión de la empresa. ¿Qué esperas aportar con tu productos o servicios? ¿Qué se perdería el mundo si tu empresa dejase de existir? ¿Cuál es tu motivación para hacer lo que haces?

Seguidamente, se añaden los valores. ¿Cuáles son los valores principales de los individuos y del conjunto de la empresa? ¿Están ambos alineados?

Con estos factores bien definidos, el camino se muestra claramente delante de nuestros pies y empezamos a caminar con un rumbo.

¿Qué aporta el análisis estratégico de una empresa?

Para empezar, y por mucho que nos sorprenda, no todas las empresas tienen objetivos claros de facturación. No pocas empresas desconocen sus márgenes de beneficio, o se han convertido en simples mecanismos de entrada y salida de dinero. El único deseo de muchos propietarios de empresa es que esa última cifra sea menor que la primera, cuánto más mejor.

Sin embargo, no saben muy bien cómo se produce ni si tienen algún control sobre ello. Hay mucho de azar y de providencia en la gestión de la empresa actual. Cada nuevo proyecto parece una apuesta a ciegas, con poca o ninguna garantía. La certeza apenas existe.

Pero tener una estrategia es en sí esa garantía y un mayor nivel de certeza, no una maldición impuesta por economistas o estrategas. ¿Por qué, entonces, pocos empresarios realizan dicho análisis estratégico? ¿Cómo pueden definir uno de manera sencilla?

Primero hay que empezar a sentirse empresario. Una empresa es un proyecto que involucra a familias y es una seria responsabilidad. Sin un plan, nosotros estamos a merced de nuestro trabajo. La clave está en lograr dirigir proyectos que estén a nuestro servicio. El día que logramos que estos funcionen sin nosotros, nos hemos convertido en auténticos empresarios, no en autoempleados.

Cómo elaborar un diagnóstico estratégico interno

En líneas generales, los tres elementos clave para definir una estrategia serían:

  • Definir el producto o servicio. ¿Podemos especializarnos en un único producto o servicio? En lugar de hacernos perder ventaja, esto disminuye nuestra rivalidad con nuestros competidores. ¿Podemos diferenciarnos en la oferta de dicho producto o servicio? En un mercado tan competitivo, la clave está en destacar, del modo que sea.
  • Definir nuestro mercado objetivo. No es cierto que todo el mundo pueda trabajar con nosotros, ni queremos que así sea. Puede parecer sorprendente, pero, cuánto más definamos nuestro mercado preferido, más eficaces seremos. Con el regalo perfecto, nos falta elegir el destinatario perfecto. Al igual que en el punto anterior, acotar el mercado objetivo nos hace más certeros. Creer que perdemos cuota de mercado al elegir clientes es un tópico erróneo.
  • Definir el plan. Con los dos puntos anteriores, ahora entra en juego la estrategia. ¿Cómo vamos a enamorar a esa audiencia seleccionada con ese producto seleccionado? Ahí es donde entra en juego el análisis de un plan estratégico. Sin todo lo anterior, es imposible dar en el blanco.

Con estos tres pasos, la labor de conseguir resultados está totalmente enfocada y es medible. Todo lo demás son conjeturas y fe en la providencia. Una empresa es algo mucho más serio.

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